A DIEZ GRADOS BAJO CERO, EN LA RUTA DE LA BREÑA
Abelardo Gamarra “El Tunante”, protagonista de esa marcha, recordaría que transitaron por el peor camino imaginable. En los barrancos se despeñaron varias mulas y con ellas las cargas que portaban. Fue imposible llegar ese día a Chavín, según se había proyectado, y al caer la noche se tuvo que plantar campamento en la falda de un contrafuerte de la cordillera, cercano a la aldea llamada Huayruro.
Allí padecieron lo increíble, pues aparte de no tener comida ninguna, debieron soportar una temperatura de 10 grados bajo cero. Cáceres acompañó a sus soldados en aquella dura prueba, y al amanecer del día siguiente marchó como vanguardia a Chavín, para procurar recursos a su sufrida hueste.
Por esos mismos días, Miguel Iglesias, el supremo traidor que se había proclamado en Cajamarca presidente regenerador del Perú, estrechaba sus lazos cordiales con el coronel chileno Alejandro Gorostiaga, quien al mando de una división se había estacionado en Huamachuco con la misión de protegerlo. Iglesias había llamado en su auxilio a los chilenos arguyendo que Cáceres marchaba al norte para derrocarlo.
La realidad peruana marcaba su terrible contradicción. Por un lado el heroísmo de los soldados y guerrilleros de Cáceres. Por otro, la traición y el entreguismo de los grupos de poder que lideraba Miguel Iglesias. Tragedia que tendría su epílogo en Huamachuco y Ancón.

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